Avancemos hacia la honestidad

Jesucristo dijo:  “Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:37). “Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). La esencia del Señor es fiel. Le gusta el hombre honesto, y dijo que sólamente el hombre sencillo y honesto es el que entrará en el reino de Dios. Por lo tanto, Él nos exige que seamos honestos, que nuestras palabras y hechos se correspondan con la realidad, y que no engañemos ni a Dios ni al hombre. Cuando leemos estas palabras del Señor, aceptamos ser hombre honesto. Sin embargo, tan sólo cuando lo ponemos en práctica en nuestra vida diaria, es cuando descubrimos que ser honesto no es tan fácil como nos habíamos imaginado. A menudo no podemos evitar mentir; a pesar de que luchamos por contenernos, seguimos siendo incapaces de alcanzar los requisitos del Señor. Para solucionar el problema de las mentiras, incluso nos obligamos a hablar menos y así evitar mentir. Pero cuando nos resistimos ante la necesidad de hablar y nos guardamos las cosas encerradas en nuestros corazones, nos sentimos afectados y afligidos. ¿Podría decirse que ser honesto es ser parco en palabras? ¡Practicar siempre este método no funcionará! Mucha gente no puede evitar sentirse confusa: ¿Cómo podemos lograr ser honestos? ¿Qué es exactamente lo que debemos hacer para solucionar el problema de la mentira?

A menudo se dice: “La boca es la puerta del corazón”. De hecho, sólo cuando el corazón es engañoso, es cuando la boca usa el engaño, y sólo cuando el corazón es falaz, es cuando salen palabras falsas de la boca – nuestras bocas son impulsadas y están controladas por nuestros corazones. Si sólamente mediante la fuerza de voluntad evitamos que nuestra boca mienta, sólamente podremos tratar los síntomas, pero no la raíz del problema. En una ocasión leí estos dos pasajes en un libro espiritual: “¿Por qué se involucran las personas en tan malas artes? Para conseguir sus propias metas y lograr los objetivos que desean. De modo que adoptan ciertos métodos, que muestran que no son rectas y honradas, y que no son honestas. En esas ocasiones se revelan la insidia y la astucia, o su malicia y su abyección. Con estas cosas, uno siente que resulta especialmente difícil ser honesto; sin ellas, te parecería que ser honesto es fácil. Los mayores obstáculos para la honestidad son la insidia de las personas, su astucia, su malicia y sus motivaciones innobles”. “No conoces su corazón, porque en él conservan su propia historia; esto es insidia. ¿Sueles hablar a menudo de esta manera? (Sí.) ¿Cuál es, pues, vuestro propósito? ¿Es a veces proteger vuestros propios intereses, mantener vuestra propia posición, vuestra propia imagen, guardar los secretos de vuestra vida privada, salvar vuestra propia reputación? Cualquiera que sea el propósito, es inseparable de vuestros intereses, está vinculado a ellos, ¿no es así? ¿Es esta la naturaleza del hombre? (Sí.) ¿No es afín a Satanás todo aquel que tenga este tipo de naturaleza? Podemos afirmarlo, ¿o no? Por lo general, esta manifestación es detestable y aborrecible. Ahora, vosotros también os sentís indignados, ¿verdad? (Sí.) Esto representa la astucia y la maldad de Satanás”.

Estas palabras revelaron claramente el origen de nuestras mentiras. Resulta que para nuestros propios motivos y fines ulteriores, mentimos y engañamos involuntariamente a la gente. Hemos sido profundamente corrompidos por Satanás, y los venenos de Satanás, como por ejemplo, “Al igual que un árbol vive con su corteza, el hombre vive con su rostro”, “Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda” y “El dinero es lo primero”, se han convertido en las raíces de nuestra existencia. Siempre vivimos para nuestra propia vanidad, reputación, estatus, intereses, dinero, placeres carnales, etc.; el resultado es que, para alcanzar nuestras propias metas individuales y para proteger nuestra reputación y nuestro estatus, a menudo mentimos para engañar a la gente, y engañar a Dios. Por ejemplo, a veces, cuando tratamos con los demás, cuando les hemos hecho algo que para ellos no les era beneficioso, tratamos de ocultarlo lo mejor posible, y para ello mentimos e incurrimos en el engaño; a veces, por el bien de nuestros propios intereses, o porque queremos ser admirados por los demás, no podemos resistirnos a la mentira, etc. Vemos en todo ello que si desconocemos las motivaciones que se esconden detrás de nuestras acciones y palabras, si no le damos una solución a nuestra naturaleza engañosa, mentiremos y engañaremos a Dios en cualquier momento y a cualquier hora, y nos opondremos a Dios y viviremos en pecado. Así que, si no queremos mentir, tenemos antes de nada que conocer las intenciones y el fin que se esconden detrás de nuestras palabras; luego aborreceremos y maldeciremos nuestra corrupción. Poco a poco ya no querremos mentir ni recurrir al engaño.

Además, todos sabemos que Dios puede ver lo más profundo del corazón del hombre: observa con mucha atención nuestros pensamientos y nuestras ideas y todo lo que hacemos, y aunque los demás no se den cuenta de que estamos mintiendo, no podemos escapar la observación de Dios. Como dice la Escritura, “... porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende toda imaginación de los pensamientos” (1 Crónicas 28:9). “Candela de Jehová es el alma del hombre, Que escudriña lo secreto del vientre” (Proverbios 20:27). Si queremos resolver el problema de las mentiras y ser honestos, deberemos aceptar la observación de Dios en todo, y examinar nuestros pensamientos y nuestras ideas en todo momento. De esta manera, poco a poco, crecerá dentro de nosotros un corazón que venere a Dios, y cuando nos topemos con problemas, ya no nos atreveremos a engañar o a recurrir al engaño para beneficio propio, sino que seremos capaces de renunciar a nosotros mismos conscientemente y pondremos en práctica el ser una persona honesta según las palabras de Dios.

No hay nada que Dios considere difícil de hacer. Mientras confiemos con sinceridad en Dios y actuemos según las exigencias de Dios, nuestro problema con la mentira estará resuelto. ¡Que todos progresemos juntos hacia la honestidad y vivamos en verdadera semejanza humana! ¡Gloria a Dios! ¡Amén!

(Traducido del original en inglés al español por Eva Trillo)


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4 Pasos para ser honesto y poder entrar en el reino de los cielos

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