Tres principios para coordinar armoniosamente entre cristianos en el servicio a Dios

Como todos sabemos, sólo podemos servirle a Dios con un solo corazón y mente para obtener la guía del Espíritu Santo y el servicio de la iglesia pueda ser bendecido por Dios. Porque el Señor Jesús nos dijo: “... que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19).

oraciónPero cuando coordinamos nuestro servicio, Satanás trata de interrumpirlo siempre. Siempre utiliza nuestra corrupción y rebeldía para llevar a cabo sus esquemas astutos perturbando y destruyendo la obra de Dios e impidiendo que se haga la voluntad de Dios. A simple vista, la articulación de los cristianos en su servicio, aparenta ser un asunto entre la gente involucrada. Pero en el mundo espiritual es realmente una batalla. Si no entendemos la verdad, no podremos discernir las artimañas de Satanás y nos utilizará frecuentemente por medio de ellas, afligiéndonos y burlándose de nosotros. Entonces nos refugiamos con otras personas, y nos atacaremos y perjudicaremos unos a otros. Al final, nos convertiremos en enemigos con nuestros compañeros y seremos incapaces de cumplir con nuestros deberes con un solo pensamiento. Inconscientemente, habremos caído debido a los trucos de Satanás y deshecho el trabajo de la iglesia.

Debido a que a menudo no somos capaces de ver a través de las intrigas de Satanás, y tengamos carácter satánico y corrupto, frecuentemente no podemos coincidir con nuestros hermanos y hermanas y coordinar con ellos para servirle al Señor. A veces, cuando tenemos opiniones, ideas o entendimientos diferentes que nuestros compañeros, siendo dominados por nuestro carácter arrogante insistimos siempre en que nuestros compañeros nos escuchen, resultando en que todos nos aferremos a nuestras propias opiniones. El desacuerdo y el alejamiento se crean, y nuestros temperamentos se agudizan, obsesionados con el bien y el mal. A veces, cuando nuestros compañeros y nosotros somos diferentes en nivel y talentos, menospreciamos a aquellos cuyo nivel es inferior al nuestro. Nos alabamos nosotros mismos y seguimos nuestro propio camino, lo cual ocasiona problemas para la iglesia. A veces, cuando lo que nuestros compañeros hacen hieren nuestra dignidad o afectan nuestros intereses personales, ya no somos tan tolerantes y pacientes como antes, sino que los atacamos o herimos para proteger nuestros propios intereses, lo que resulta en que el trabajo de la iglesia se quede varado.

¿Dios aprobará nuestro servicio si tenemos estos problemas para ponernos de acuerdo con los demás? En Filipenses capítulo 2 versículo 2 se dice: “Cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”. El capítulo 3 de Amós, versículo 3 dice: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de concierto?”. Si tenemos un solo sentimiento y pensamiento con nuestros compañeros, podemos recibir la obra y aprobación de Dios. Sin embargo, si no estamos de acuerdo el uno con el otro, no podemos avanzar juntos y sería difícil para que la voluntad de Dios se lleve a cabo sobre nosotros. Por consiguiente, este tipo de servicio no lo aprueba Dios.

¿Entonces, a cuáles principios deberíamos sujetarnos nosotros los cristianos para articular armoniosamente con otros?

En primer lugar, deberíamos obedecer la guía del Espíritu Santo y los principios verdaderos y no ser obstinados o dejarse reprimir por otras personas.

Es algo normal tener opiniones diferentes de otros con respecto a los problemas que surgen con el trabajo de la iglesia debido a que las circunstancias de nuestra crianza, el entorno en que vivimos y la educación que obtenemos son diferentes. Si siempre exigimos que los otros nos escuchen, o utilizamos nuestro estatus para despreciar a otros, entonces no estamos actuando de acuerdo con una decencia santa. Si queremos servirle a Dios de una manera que esté de acuerdo con Sus intenciones, deberíamos buscar los principios verdaderos en lugar de escuchar a lo que la gente dice. No deberíamos imitar las maneras de otros o nuestras maneras, ni tampoco limitarnos por el estatus, poder, conocimiento o reputación. Deberíamos buscar las palabras de Dios y someternos a la autoridad de Sus palabras. Así como el Señor Jesús dijo: “... Tened fe en Dios” (Marcos 11:22). Cuando nuestros compañeros de obra, colegas, pastores y ancianos nos piden que hagamos algunas cosas que no estén conformes a las palabras del Señor Jesús, no deberíamos obedecerlos, pero si someternos a las palabras del Señor Jesús. Si lo que dicen está conforme a las palabras del Señor, entonces deberíamos colocarnos a un lado y obedecer lo que venga de Dios.

Cuando tenemos diferentes opiniones de asuntos insignificantes que no tienen nada que ver con los principios de la iglesia, podemos ceder y no mantenernos firmes. Por ejemplo, dos hermanas de nuestra iglesia quienes algunas veces servían de anfitrionas discutían de lo que iban a cocinar para los hermanos y hermanas. En realidad, solo existía una perspectiva diferente entre ellas que no tenía nada que ver con los principios o los intereses de la iglesia en lo absoluto. En casos así, ambas estaban dispuestas a poner sus egos a un lado, y la desavenencia entre ellas desapareció y pudieron coordinar armoniosamente así, entre ellas.

Por otra parte, deberíamos aprender a obedecer la iluminación y guía del Espíritu Santo. Por ejemplo, cuando no tenemos la menor idea de cómo resolver un asunto con que nos topemos, deberíamos orar y buscar al Señor. Después de eso, aunque no sepamos conscientemente que hacer, repentinamente tendremos un camino a seguir que consideraremos adecuado y sentiríamos paz en nuestro espíritu. En este caso, es el Espíritu Santo que nos está guiando y deberíamos seguir la orientación del Espíritu Santo. Así como Romanos capítulo 8 versículo 5 dice: “... mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu”. Además, algunas veces tenemos desacuerdos con nuestros compañeros. Inicialmente pensamos que nuestra idea es mejor que la de nuestros compañeros, pero también tenemos una leve sensación en nuestro corazón de que no deberíamos ser tan obstinados, pero que primero consideremos sus sugerencias, y nos sentimos a gusto cuando nos sentimos así. Después de seguir orientación dentro de nosotros, descubrimos que la sugerencia de nuestros compañeros realmente es buena y beneficiaria más al trabajo de la iglesia. Entonces así podremos comprobar que la leve sensación viene de la guía del Espíritu Santo y que es sumamente importante que obedecemos la guía del Espíritu Santo.

En segundo lugar, no debemos tratar de prevalecer sobre los demás, sino aprender unos de otros

Está escrito en Filipenses 2: 3-4: “Nada hagáis por contienda ó por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos á los otros: No mirando cada uno á lo suyo propio, sino cada cual también á lo de los otros”. Estos versículos demuestran que luchar por la fama y ganancia no es la manera como deberían vivir los cristianos. Deberíamos ser humildes, y no deberíamos ser egoístas, pero más considerados hacia los demás. Sin embargo, debido a que tenemos una naturaleza arrogante, siempre queremos lucirnos, y es fácil menospreciar a otros sin querer, tomarnos todo el crédito y culpamos a los otros cuando aparecen fallas en la obra de la iglesia. Esto nos conduce a una coordinación desagradable entre otros y entre nosotros. Si podemos cambiar nuestros puntos de vista en cuanto a qué seguir, como dicen estos versículos, y ya no intentamos tratar de exhibirnos, pero ser humildes, ver las habilidades de otros y aprender de ellos, entonces no seremos engreídos ciegamente, pero podremos coordinar con otros armoniosamente con naturalidad.

Además, deberíamos saber que cada tarea del trabajo de la iglesia necesita completarse por medio de la coordinación armoniosa entre los hermanos y hermanas y esto no es algo que lo pueda lograr una sola persona. Solamente con la colaboración de todos podemos obtener mejores resultados en el trabajo de la iglesia. Después de todo, nadie lo sabe todo y todos tienen muchas limitaciones y deficiencias. Si le servimos a Dios basándonos en nuestras capacidades individuales, no es fácil hacer funcionar la iglesia eficientemente y algunas veces nosotros ocasionamos que existan divergencias en el trabajo y así la dañamos. Si nos unimos con los hermanos y hermanas en el servicio, nos podemos complementar el uno con el otro en distintos niveles y así evitar algunos errores. Así como 1 Corintios capítulo 12 versículo 12 dice: “Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo, […]”. Cada uno de nosotros somos un socio, así que solo coordinándonos podemos completar lo que Dios nos encomienda. Como en la Era de la Ley, el Dios Jehová le pidió a Moisés que guiara a los israelitas fuera de Egipto. Sin embargo, Moisés no pudo terminar lo que Dios le encomendó el solo, por su torpeza en su alocución. Por consiguiente, Dios levantó a Aaron para ser la voz de Moisés. Ellos ejecutaron sus propias tareas, armonizadas entre ellos y finalmente, condujeron a los israelitas fuera de Egipto y completaron con lo que Dios le encomendó. De la misma manera, hoy en día, la iglesia planifica para que nosotros nos concertemos el uno con el otro en el servicio para que así la iglesia pueda conseguir mejores resultados en su obra. Así que no deberíamos solamente ver los defectos de nuestros compañeros, los menospreciemos o le hagamos sufrir. Debemos ver las cosas desde diferentes puntos de vista y tomar en cuenta a nuestros compañeros como nuestros ayudantes. De esta manera, los problemas de la iglesia se pueden resolver y tendremos una alianza armoniosa con los demás. Esto es tremendamente beneficioso para el trabajo de la iglesia y el crecimiento individual en la vida.

En tercer lugar, deberíamos trabajar por un objetivo común y proveernos y apoyarnos mutuamente en espíritu.

Está escrito en Filipenses 2: 1-2: “POR tanto, si hay alguna consolación en Cristo; si algún refrigerio de amor; si alguna comunión del Espíritu; si algunas entrañas y misericordias, Cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”. Efesios capítulo 4 versículo 3 dice: “Solícitos á guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. De estos versículos, podemos ver que, si los cristianos queremos tener una alianza armoniosa entre nosotros, debemos tener un objetivo común, ser uno en espíritu, y estar de acuerdo para completar la comisión de Dios. Entonces, no importa qué controversias o conflictos haya entre nosotros, todos pensaremos en cómo debemos hacer las cosas de una manera que permita que la voluntad de Dios sea llevada a cabo, ya no mantener nuestras propias opiniones, y en cambio dejar de lado nuestros intereses y planes personales. En ese momento, habremos alcanzado la unidad.

Nosotros los cristianos deberíamos serlo externa e internamente. Algunas veces, externamente no existen conflictos entre nosotros. Pero internamente, no amamos, cuidamos o nos ayudamos el uno al otro en lo absoluto, y así no existe ningún acuerdo implícito en el espíritu. Solo nos ocupamos de nuestros propios asuntos. No existe ninguna unión auténtica. Las manifestaciones de la unión auténtica son: Encontrar la existencia de problemas reales en la iglesia, o que los hermanos y hermanas se enfrentan con algunas dificultades y se sienten negativos y débiles, todo el mundo busca y ora con un solo corazón y mente; Si un compañero comete un error en su trabajo, nos damos cuenta de que no sólo ellos, sino también todos los demás son responsables de lidiar con él, ya que implica el trabajo de la iglesia, y luego tratamos de entender el problema claramente y buscar un remedio juntos; Cuando alguien encuentra dificultades, le ayudamos con un corazón amoroso, y miramos a Dios y buscamos la solución juntos; si obtenemos el entendimiento y la iluminación en las palabras de Dios, nos reunimos y lo compartimos entre nosotros para que podamos ayudar a que crezca la vida espiritual del otro; Si encontramos que algunas acciones de nuestros compañeros no coinciden con la voluntad del Señor, no tememos en ofenderles sino en plantear los asuntos con ellos, lo cual no sólo les ayuda a ellos, sino que también les permite aprender una lección y percatarse de los asuntos… Esto es el verdadero amor espiritual mutuo entre los cristianos. Siendo nosotros solo uno, como lo sugiere la frase, significa que somos un conjunto integral, es decir, nos esmeramos de corazón para laborar por un solo propósito sin egoísmos, sin hacerlo solos y sin divisiones, viviendo juntos como una familia.

Como ya lo saben todos, los israelitas le sirvieron al Dios Jehová con corazones reverentes, sin nunca atreviéndose a violar Sus leyes y mandamientos. Debido a que le sirvieron a Dios fielmente, vieron muchos hechos de Dios y recibieron Su cuidado y protección, y al final, Su gracia siempre estuvo con ellos. Este fue el secreto de su éxito cuando servían a Dios. Hoy día no utilizamos vestiduras de sacerdotes y no servimos a Dios en un templo, pero somos aquellos quienes trabajamos en la iglesia. Si no acatamos los principios de cómo coordinar armoniosamente, el trabajo de la iglesia no será bendecido por Dios y al final Dios no nos aprobará por no servirle de una manera que esté de acuerdo con Sus intenciones. Pero si acatamos los principios de coordinarnos armoniosamente, tendremos la esperanza de convertirnos en la gente propicia para ser servidores de Dios. Así como Deuteronomio capítulo 10 versículo 12 dice: “... sino que temas á Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas á Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma;” Podemos ver claramente, la importancia de coordinar armoniosamente el servicio entre los cristianos.

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