Iglesia católica: Conocen las raíces de la desolación de iglesias recibiendo el regreso de Dios

Había tanto entusiasmo en la iglesia de los viejos tiempos

fiesta canta alabanza a Dios

Nuestra familia ha sido católica durante generaciones, y yo fui bautizada cuando sólo tenía unos meses de edad. Recuerdo siempre despertarme con el sobresalto de un sonido de alarma estridente, y entonces ser arrastrada fuera de la cama por mis padres para lavarme y vestirme apresuradamente antes de salir corriendo a la iglesia para asistir a una misa nocturna.

Mis padres decían que la gente que creía en el Señor en China era perseguida, y que los sacerdotes y creyentes eran arrestados y llevados presos a menudo, y por eso sólo era seguro para nosotros ir a misa por la noche. Aunque era tan peligroso, nuestros hermanos en la iglesia aun así eran muy entusiastas y devotos. Sin importar el tiempo que hiciese, cuando se celebraba una misa, se pasaban los detalles los unos a los otros y se desvivían por llevar a los ancianos y a los jóvenes a la misa. Todos cantaban himnos, tan emocionados como si fuera Año Nuevo, y muchos creyentes seguían de buen ánimo a pesar de estar despiertos toda la noche...

Ahora la iglesia se ha convertido en una desolación

En un abrir y cerrar de ojos, yo había crecido, pero la iglesia también había sufrido un gran cambio. Cada vez menos personas iban a misa, y la mayoría de los que iban eran mujeres y hombres ancianos; rara vez se veían caras jóvenes en misa. Cuando la iglesia celebraba algún evento ocasional, la misa se volvía muy animada y ajetreada, pero era tan caótica como un mercado de comida al aire libre—había muchas personas haciendo ventas piramidales, ventas directas, ventas de seguros, personas que estaban abriendo supermercados y restaurantes, entre otras cosas. Todo el mundo estaba fingiendo estar allí para ir a misa, pero en realidad estaba allí para buscar clientes. Cuando los creyentes se reunían, no hablaban de cómo adorar al Señor o cómo practicar Su palabra, sino que hablaban de asuntos domésticos triviales, o intentaban vender sus propios productos; nadie estaba allí para adorar sinceramente al Señor. A medida que pasaba el tiempo, la situación en la iglesia empeoraba cada vez más. Los sermones de los sacerdotes no eran iluminadores y solían condenar deliberadamente a otras denominaciones y decirle a la congregación que se resguardase de ellas. Incluso se dividían en hermandades y se separaban de otros miembros del clérigo. A veces, como se aferraban a sus ideas diferentes, discutían y se enfrentaban entre ellos, y la congregación también escogía un bando y se juzgaban y atacaban verbalmente los unos a los otros, y no quedaba nada de la compasión o tolerancia que había antes. Al ser testigo de esta escena en la iglesia, no logré averiguar cómo había llegado a esta situación y sentí una tristeza indescriptible.

En el año 2009, mientras estaba estudiando en el extranjero, en Japón, fui a la iglesia para asistir a misa y vi que la iglesia en Japón era tan caótica como la iglesia de China: Los sacerdotes y los fieles católicos hablaban y actuaban como incrédulos, todos seguían las tendencias del mundo y se compiten entre sí y son muy snobs. Los sacerdotes eran todo sonrisas con los que tenían dinero y despreciaban a los que no tenían dinero y les hablaban en un tono brusco. Al ver que esto estaba ocurriendo en un país extranjero, me sentí terriblemente decepcionada y confundida, y ya no me sentí tan unida al Señor como antes. Los cultos de la mañana y la tarde a los que asistía se convirtieron en una carga, y a veces realmente no quería ir a la iglesia para asistir a la misa. Sin embargo, por miedo a que el Señor me condenase al infierno, no me atrevía a dejar de ir. Más adelante, aunque me estaba obligando a mí misma a ir a la iglesia, mi espíritu no estaba siendo provisto y mi corazón se sentía vacío. A veces, pensaba: “¿Cómo se ha convertido en esto la iglesia? Antes había pocos creyentes y el PCCh (Partido Comunista de China) nos perseguía, pero aun así íbamos a misa con entusiasmo en medio de la noche. Pero, hoy en día, cuanto más cómodo y fácil se vuelve nuestro ambiente, a la inversa, la gente se vuelve más holgazana—¿puede ser porque hay más gente creyendo en el Señor? ¿O porque la gente ha escuchado tantos sermones que ya no hay ningún misterio en ello?” Me sentí muy perpleja.

En mayo de 2018, mi marido y yo emigramos a los Estados Unidos con nuestra hija, quien no tenía un año todavía. Después de habernos asentado, empezamos a ir a misa en una iglesia cerca de nuestra casa. Inconcebiblemente, había muy pocas personas en esta iglesia grande y lujosa. El sacerdote estaba por encima de nosotros, dando su sermón, mientras que la mayoría de las personas sentadas debajo parecían adormiladas o se estaban quedando dormidas. Al ver la escasez de gente y los asientos vacíos en una iglesia tan grande, y al ver las caras inexpresivas y en blanco de los que estaban allí sentados, no podía ni siquiera expresar cómo me sentía.

desolación de la iglesia

Quería buscar algunas iglesias buenas en Internet, pero lo que averigüé fue que muchas iglesias católicas estaban llenas de placas de homenaje a los muertos, y la gente solamente quemaba incienso y hacía ofrendas, y algunos sacerdotes invitaban a monjes a ir y cantar escrituras, y había muchos escándalos relacionados con sacerdotes y obispos... Al ver estas circunstancias, pensé en las palabras habladas por el Señor Jesús en la Biblia: “[...] Mi casa será llamada casa de oración; mas vosotros la tenéis hecha una cueva de ladrones” (Mateo 21:13). Desde China hasta Japón y los Estados Unidos, desde tierra firme a Internet, todas las iglesias católicas eran simplemente iguales. De repente, sentí que la iglesia católica actual se había echado a perder completamente. Aunque parecía ser bastante lujosa por fuera, ya no era un lugar sagrado. Estaba perpleja. La iglesia se había sumido en tal caos y estaba tan estancada, entonces ¿por qué no hacía algo al respecto el Espíritu Santo?

En mi desconcierto un encuentro fortuito revela la raíz de la desolación de la iglesia

Un día de julio de este año, me llevé a mi hija conmigo a una misa en la iglesia y allí conocí a la hermana Kelly. En cuanto nos conocimos, nos sentimos como si fuésemos viejas amigas. De camino a casa, la hermana Kelly me contó muchas historias de la Biblia, como la de la mujer samaritana quien, al haber escuchado al Señor Jesús hablar, reconoció por Sus palabras autoritarias y poderosas que Él era la venida del Mesías. Y ella dijo que las vírgenes sabias de las que habló el Señor Jesús no sólo se referían a ser diligentes externamente leyendo la Biblia y yendo de manera constante a reuniones, sino que, lo que es más importante, se referían a poder discernir la voz del Señor, porque sólo al hacerlo podríamos darle la bienvenida al Señor cuando regrese... Sentí que la palabra de la hermana era nueva y emocionante. Había ido a reuniones en las iglesias católicas durante tanto tiempo y nunca había escuchado antes a nadie darme una palabra tan fresca y nueva. Me sentí muy esclarecida y mi corazón disfrutó mucho. Entonces, la hermana me invitó a asistir a su clase de estudio de la Biblia, y yo acepté contenta.

Conocí a muchos católicos nuevos en la clase de estudio de la Biblia, así como a muchos otros hermanos y hermanas cristianos y al predicador, el hermano Liu. Ver a estos hermanos y hermanas me proporcionó una sensación muy cálida en mi interior. Todos estaban intercambiando experiencias los unos con los otros y me sentí muy liberada. Y así, también me abrí a ellos y compartí con ellos mis propias perplejidades.

Dije: “He ido iglesias católicas en varios países y nunca sentí el amor del Señor en ninguna de ellas, ni tampoco sentí la obra del Espíritu Santo. Algunos sacerdotes hacen que la congregación coloque placas conmemorativas de sus difuntos en la iglesia y después las adoren. He sido testigo de cómo la iglesia se ha sumido cada vez más en el caos y cómo ya no está llena de la gloria del Señor. Mi propia fe se está enfriando cada vez más ¡y no sé por qué está pasando todo esto!”

Entonces, el hermano Liu dijo: “Hermana, el problema que planteas es muy real y es algo que desconcierta a la inmensa mayoría de los fieles de hoy. Todos los católicos piensan que el catolicismo es la raíz del cristianismo, pero ¿cómo entonces puede la iglesia perder la gloria del Señor y deteriorarse para convertirse en el páramo desolado que es hoy? En realidad, si queremos saber la razón de la desolación actual de la iglesia, primero tenemos que recordar la razón de la desolación en el templo que tuvo lugar hace varios miles de años. Al principio de la Era de la Ley, el templo estaba lleno de la gloria del Señor, y todo el mundo tenía que ser reverencial y respetuoso ante el Espíritu Santo. Incluso los sacerdotes servían al Espíritu Santo en el templo y tenían que tener mucho cuidado y precaución, porque el Espíritu Santo aniquilaría a quien le ofendiese. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento está escrito que hubo un rey llamado Uzías. Después de haber obtenido una gran victoria en la batalla y haberse hecho muy poderoso, se volvió orgulloso y arrogante. No escuchó las advertencias del sacerdote y obstinadamente entró en el templo a quemar incienso como ofrenda a Dios. Así, ofendió a Dios, y su frente se llenó de lepra inmediatamente, y fue un leproso hasta el día de su muerte (véase 2 Crónicas 26:16-21). De esto podemos ver que, mientras que el Espíritu Santo estaba presente en el templo, nadie se atrevía a quebrantar las leyes, y ni un rey de entre toda la gente estaba exento. Esto se debe a que el Espíritu Santo es santo y no tolera la suciedad—al ver suciedad, Él debe aniquilarla. Pero, cuando llegó el final de la Era de la Ley, la gente común ya no cumplió las leyes, los sacerdotes adoraron a ídolos y ofrecieron sacrificios cojos, y la gente se atrevió abiertamente a cambiar dinero y comprar y vender ganado y aves en el templo, convirtiendo el templo en una cueva de ladrones. Pero, el Espíritu Santo, no los disciplinó ni castigó en absoluto. ¿Por qué fue así? Si el Espíritu Santo hubiese estado presente en el templo, ¿habría permitido que se convirtiese en una cueva de ladrones? Claramente, esto no habría ocurrido. Por tanto, en el momento en el que el templo se convirtió en una cueva de ladrones, el Espíritu Santo ya se había ido hacía tiempo. Entonces, ¿por qué se fue el Espíritu Santo del templo? Principalmente porque los líderes judíos ya no seguían las leyes de Dios y ya no tenían corazones temerosos de Dios. Sólo observaban las tradiciones humanas que habían heredado y descartaban los mandamientos de Dios; se alejaron por completo del camino de Dios y perdieron la obra del Espíritu Santo. Además, el Espíritu Santo se fue del templo porque Dios ya se había convertido en carne para hacer Su obra de redimir a la humanidad en la Era de la Gracia, y la obra del Espíritu Santo se había trasladado a otro sitio. Todos sabemos que, al final de la Era de la Ley, como los israelitas no podían cumplir las leyes, estaban sujetos a morir apedreados o quemados por el fuego celestial. Si el Espíritu Santo no se hubiese ido del templo, no hubiese finalizado la Era de la Ley ni hecho la obra de la crucifixión y la redención de la humanidad, entonces la humanidad habría muerto bajo las leyes. Está claro que el Espíritu Santo abandonó el templo debido a las necesidades de la humanidad y las necesidades de Su obra. La obra del Espíritu Santo sigue siempre adelante y no puede detenerse en una era. Después de que la obra de la Era de la Ley diese resultados, el Espíritu Santo comenzó Su siguiente fase de la obra. El Espíritu Santo finalizó la obra antigua, abandonó el lugar de la obra antigua, y fue a comenzar una obra nueva, y guió y llevó al hombre a una nueva era. Si la gente en la nueva era no pudiese seguir el ritmo, entonces estaría sin la obra del Espíritu Santo y no podría obtener la provisión del Espíritu Santo. A lo largo del tiempo, el hambre y la sed de las personas las llevaron a cometer pecados sin ser disciplinadas, y se volvieron cada vez más degeneradas; los oasis se convirtieron en desiertos áridos, Canaán fue golpeada por el hambre ¡y la iglesia se convirtió en una desolación! Justo como dice Dios: ‘He aquí que viene el tiempo, dice el Señor, en que yo enviaré hambre sobre la tierra; no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra del Señor’ (Amós 8:11). De manera similar, la iglesia católica actual se ha convertido en un mercado y en una cueva de ladrones. ¿Y por qué Dios no disciplina o castiga a la iglesia? Hay un himno que dice: ‘Dondequiera que haya caridad, dondequiera que haya amor, allí estará Dios’ (‘Dondequiera que haya caridad’). Y como la iglesia ahora está enredada en disputas y luchas internas, sin ni siquiera una pizca de tolerancia o paciencia, ¿dónde está Dios entonces?”

¿Dónde se ha ido Dios?

Yo asentí. Mi corazón se animó cuando escuché al hermano cantar ese himno bien conocido, pero también me sentí un poco triste. Dije: “Lo que dices tienes sentido. El ser incapaz de sentir amor en la iglesia muestra que el Señor ya no está presente. Si el Espíritu Santo estuviese presente en la iglesia, nadie se atrevería a tratarle con desprecio”.

El hermano dijo: “Sí, entonces, si Dios no está ya presente en la iglesia moderna, ¿adónde se fue Dios?”

La pregunta del hermano me hizo reflexionar profundamente sobre esto: “¡Eso es cierto!” Pensé. “Al final de la Era de la Ley, el templo fue desolado porque el Espíritu Santo se había ido a hacer Su nueva obra de redimir a la humanidad. La iglesia ahora está desolada también, entonces, ¿adónde se fue Dios?” Pensando en el tiempo desde que empecé a creer en Dios, había seguido el orden prescrito y leído la Biblia e ido a misa. Cuando vi lo caótica que se había vuelto la iglesia, tuve muchas preguntas, pero ¡casi nunca me pregunté dónde se había ido Dios! Realmente quería entender esta pregunta y por eso esperé la respuesta del hermano.

El hermano abrió la Biblia y me pidió que leyera de ella. Leí: “Asimismo yo impedí que os viniese lluvia, cuando aún faltaban tres meses hasta la cosecha, e hice que lloviese en una ciudad, y que no lloviese en otra; a un paraje le di lluvia, y otro se secó por no habérsela dado” (Amós 4:7). Entonces, compartió conmigo, diciendo: “De la profecía de Dios, podemos ver que las veces en que no cae lluvia sobre nuestra iglesia son los tiempos en los que está sin la obra del Espíritu Santo, demostrando que el Espíritu Santo ya está en otro lugar comenzando una obra nueva. En realidad, el Señor ya ha regresado en la carne, y Él habla Sus palabras y ha comenzado una obra nueva que abre paso a la nueva era. Las palabras ‘a un paraje le di lluvia’, significan aquellas iglesias que aceptan y se someten a la obra del Señor cuando regrese en los últimos días y, como aceptan las palabras actuales del Señor, disfrutan del riego y la provisión del agua de vida concedida por el Señor. Las palabras ‘y otro se secó por no habérsela dado’, significan que, como la obra del Espíritu Santo se ha trasladado a otro lugar, el Espíritu Santo ya ha finalizado la obra de sembrar semillas en la Era de la Gracia y ahora ha comenzado la obra de la cosecha de la Era del Reino. La obra del Espíritu Santo ha sido completamente retirada de las iglesias de la Era de la Gracia y ahora está siendo realizada en los que siguen la nueva obra del Señor. Sin la protección de la obra del Espíritu Santo, los sacerdotes y obispos de las iglesias de la Era de la Gracia se marchitan, no tienen sermones que merezcan la pena ofrecer en misa, sino que sólo llevan a sus congregaciones a cumplir reglas y observar rituales. Hay otro motivo de la desolación en la iglesia, y esto se debe a que los sacerdotes y obispos no practican la palabra del Señor y no obedecen Sus mandamientos. Cuando escuchan a alguien predicar el evangelio del regreso del Señor, no lo buscan ni lo estudian. Entonces simplemente rechazan, condenan y se resisten a la obra del Señor regresado, y esto lleva a que la iglesia sea detestada y rechazada por el Señor, pierde completamente la obra del Espíritu Santo, no puede obtener provisión del agua de vida del Espíritu Santo y cae en la desolación. Por tanto, la congregación adora a ídolos y discuten los unos con los otros; no son disciplinados cuando cometen pecados y se duermen durante los sermones, y la iglesia se ha convertido en un lugar de comercio y negocios”.

Al escuchar la palabra del hermano, me sentí asombrada: ¿Podría ser que la iglesia ahora estaba desolada porque el Señor ya había regresado para realizar una nueva obra y nosotros no le habíamos seguido el ritmo? En ese momento, no pude evitar recordar que, cuando alguien había predicado que el Señor había regresado para realizar una nueva obra, el sacerdote lo había condenado y había blasfemado contra dicha persona durante la misa. Sólo ahora entendía que la iglesia estaba desolada y en un caos porque los sacerdotes y obispos no estaban llevando a sus congregaciones a buscar y estudiar la obra del Señor regresado, sino que, por el contrario, estaban resistiéndose a ella y condenándola. Estaban yendo en contra de los mandamientos del Señor y las enseñanzas de los apóstoles, y por eso fueron detestados y rechazados por el Espíritu Santo y abandonados y erradicados por la obra del Señor.

¿Cómo buscamos la obra del Espíritu Santo?

Justo entonces sentí de repente como si estuviese experimentando un despertar. Mientras escuchaba la palabra clara y concisa del hermano Liu, llegué a estar segura en mi corazón de que el Señor Jesús se había trasladado a otro lugar para realizar una nueva obra. Pero ¿cómo podía yo encontrar una iglesia que tuviese la obra del Espíritu Santo? Y por eso, formulé esta pregunta.

El hermano dijo con toda sinceridad: “¡Gracias a Dios! El que puedas entenderlo de esta manera se debe completamente por el esclarecimiento y la dirección del Espíritu Santo. Si queremos encontrar una iglesia que tenga la obra del Espíritu Santo, primero tenemos que saber qué obra va a realizar cuando el Señor regrese. El Señor Jesús nos mostró el camino hace mucho tiempo en la Biblia, así que ahora vamos a examinar algunos versículos de la escritura: ‘Aún tengo otras muchas cosas que deciros; mas por ahora no podéis comprenderlas. Cuando venga el Espíritu de verdad, él os enseñará todas las verdades necesarias para la salvación; pues no hablará de suyo, sino que dirá todas las cosas que habrá oído, y os anunciará las venideras’ (Juan 16:12-13). El Señor Jesús nos dijo que todavía tenía muchas cosas que decirnos. Como las estaturas de la gente en aquel entonces eran demasiado pequeñas, no le habrían entendido, aunque les hubiese dicho estas cosas. Por tanto, el Señor Jesús tiene más que decirnos cuando regrese en los últimos días, nos dirá todas las verdades que necesitamos para nuestras vidas, y estas verdades son las verdades que expulsarán nuestros pecados y nos purificarán. Tal y como dice la Biblia: ‘Santifícalos en la verdad. La palabra tuya es la verdad misma’ (Juan 17:17). Y también está escrito en Apocalipsis: ‘El que tiene oído, escuche lo que dice el Espíritu a las iglesias: Al que venciere le daré yo a comer un maná recóndito, […]’ (Apocalipsis 2:16). El Señor nos recuerda que tiene más cosas que decirnos cuando regrese y que nos dará el maná escondido. Cuando encontremos las palabras del Espíritu Santo, encontraremos al Señor.

Leamos otro pasaje de las palabras de Dios: ‘Cuando Jesús vino al mundo del hombre, trajo la Era de la Gracia y terminó la de la Ley. Durante los últimos días, Dios se hizo carne una vez más y, esta vez acabó la Era de la Gracia y trajo la del Reino. Todos aquellos que acepten la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino, y podrán aceptar personalmente Su dirección. Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad, se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre, pero no lo libró de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió a Jesús cargar con los pecados del hombre como la ofrenda por el pecado, sino también que Dios realizara una obra mayor para librar completamente al hombre de su carácter, que ha sido corrompido por Satanás. Y así, después de que los pecados del hombre fueron perdonados, Dios volvió a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio, que llevó al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida’. Las palabras de Dios nos dicen claramente que la obra del Señor para salvar al hombre no se queda parada, sino que constantemente lleva a la gente adelante. En la Era de la Ley, como la humanidad naciente en aquel tiempo no sabía cómo vivir, el Espíritu Santo, a la luz de las necesidades de la gente en aquel entonces y a través de la proclamación de las leyes de Moisés, trabajó personalmente y guió las vidas de la gente, e hizo que guardasen las leyes y mandamientos y viviesen dentro de las bendiciones de Dios; sin embargo, al final de la Era de la Ley, como no podían cumplir las leyes y estaban cometiendo demasiados pecados, se enfrentaron al peligro de ser condenados por las leyes y ser ejecutados. Con el fin de salvar a la humanidad, Dios se encarnó en la forma del Señor Jesús e hizo la obra de la Era de la Gracia, y fue crucificado en la cruz como ofrenda por el pecado del hombre. Siempre que confesásemos y nos arrepintiésemos ante el Señor, nuestros pecados serían perdonados entonces, lo que significa que ya no estaríamos maldecidos y condenados por las leyes por cometer transgresiones o quebrantar las leyes. Aunque el Señor no nos ve como pecadores, esto no significa que estemos sin pecado, porque la naturaleza pecadora permanece profundamente arraigada en nosotros. Aunque nosotros mismos aparentemos hacer buenas obras, aun así, las hacemos por nuestro propio beneficio y a menudo decimos mentiras y engañamos a la gente. En cuanto tiene lugar una situación que no nos agrada, solemos malinterpretar y culpar al Señor. Aunque no expresemos nuestros pensamientos en voz alta, seguimos sintiéndonos negativos y poco dispuestos a cooperar en nuestros corazones. Cada vez que ocurren desastres naturales y causados por el hombre, incluso podemos traicionar al Señor... Estos comportamientos son suficientes para probar que todavía estamos viviendo en pecado. Por tanto, con el fin de purificarnos y salvarnos completamente, el Señor se ha encarnado una vez más en los últimos días para hablar Sus palabras y realizar una obra nueva y más elevada que la que realizó en la Era de la Gracia—la obra del juicio que comienza en la casa de Dios. Todos los que aceptan y siguen al Señor y todos los que aceptan la obra de las palabras en la Era del Reino asisten al banquete de bodas del Cordero, obtienen todas las verdades concedidas al hombre por Dios, y empiezan a vivir la vida de la gente de la Era del Reino, cara a cara con el Señor, como está profetizado en Apocalipsis: ‘Y oí una voz grande que venía del trono, y decía: Ved aquí el Tabernáculo de Dios entre los hombres, y el Señor morará con ellos. Y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios habitando en medio de ellos será su Dios’” (Apocalipsis 21:3).

Después de escuchar la palabra del hermano, sentí que mi corazón se llenaba de luz: Así que la obra del Señor estaba siguiendo adelante y el Espíritu Santo había salido de las iglesias de la Era de la Gracia y estaba realizando una nueva obra—había empezado a hacer la nueva obra de la Era del Reino. Y, aun así, cuando escuchamos a alguien predicar la noticia de que el Señor ha regresado para hacer una obra nueva, creemos en las mentiras rotundas de los sacerdotes; no escuchamos, no intentamos acercarnos a ella y no la buscamos ni la estudiamos. Nos adherimos a nuestras iglesias y no seguimos el ritmo de los pasos del Señor, y por eso el Señor nos abandona. Ahora bien, sólo siguiendo el ritmo de los pasos del Señor podemos encontrar una iglesia que tenga la obra del Espíritu Santo, y sólo al aceptar la nueva obra de la Era del Reino realizada por el Señor, podemos obtener la obra y la dirección del Espíritu Santo y vivir cara a cara con el Señor.

El Señor ya ha regresado

Durante los días siguientes, el hermano Liu compartió conmigo en detalle acerca de las tres fases de la obra del Señor del plan de seis mil años para salvar a la humanidad, así como los entresijos y la esencia de la obra que el Señor hace en cada era. También compartió conmigo acerca de la diferencia entre ser salvado y obtener la salvación completa, qué es la encarnación, cómo discernir a los falsos cristos, el misterio del nombre de Dios, y otros asuntos. Mi corazón sediento fue regado por el agua de vida, y mi espíritu fue satisfecho enormemente.

cordero bebiendo agua

Después de haber aceptado la obra de Dios Todopoderoso, finalmente vi la luz. Resultó que el Relámpago Oriental, que es predicado en China y que ha suscitado mucha discusión y es condenado por los sacerdotes católicos, es la apariencia y obra del Señor, y dije con mucha emoción: “Estoy muy contenta por haber escuchado este camino de principio a fin, ¡de lo contrario todavía estaría resistiéndome al Señor sin ni siquiera darme cuenta! ¡Eso era realmente peligroso!” Después, empecé a leer con avidez las palabras de Dios Todopoderoso, asistiendo de manera proactiva a las reuniones, viendo películas del evangelio y aprendiendo himnos, y muy pronto estuve segura de la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. En la Iglesia de Dios Todopoderoso, pude experimentar verdaderamente la paz y el placer que viene de tener la obra del Espíritu Santo, y sentí el afecto de esta familia grande.

Poco después una hermana y yo dimos testimonio de la obra de Dios de los últimos días a mi marido. Mi marido ahora está al tanto de la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, todos los días disfrutamos de ser alimentados y regados por el agua de vida de Dios, y nuestras vidas están progresando constantemente. Es la palabra de Dios Todopoderoso la que revela todos los misterios y nos permite tener discernimiento. Nunca más seguiremos insensiblemente a los falsos pastores por el camino de resistirse a Dios, y por fin estamos siguiendo el ritmo de los pasos del Cordero.


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