Evangelio del día - Mateo 11:28-30

Versículo de la Biblia sobre evangelio de hoy

Mateo 11:28-30

Reflexion del evangelio de hoy

Nuestra vida es como una actuación teatral, llena de contratiempos, y siempre suceden las cosas inesperadas e incluso muchas cosas nos han pillado desprevenido.

Por ejemplo, la presión del trabajo, los problemas en la familia, las contradicciones entre parejas y la traición entre amigos, etc., estas cosas inesperadas en la vida nos han oprimido y apenas no podamos respirar. Pero, todos queremos ser fuertes en la vida, no estamos dispuestos a ser abrumados por estas cosas, por lo tanto, aprendemos desesperadamente todo tipo de negocios y tratamos de enriquecernos con varios conocimientos profesionales para que podamos tener un buen trabajo y futuro. Y nos devanamos los sesos y hacemos enormes esfuerzos para mantener nuestro hogar armonioso… Sin embargo, las cargas en la vida no han disminuido, a medida que los años pasan y los días transcurren, ya estamos muy cansados y agotados, pero, en los sufrimientos, seguimos sin admitir la derrota y estamos buscando la "felicidad" con perseverancia y no podemos encontrarla.

Luchamos con amargura por nuestra propia "vida feliz", e inconscientemente nos perdemos a sí mismos y el camino que tenemos por delante. Sin embargo, Dios siempre está con nosotros y protegiéndonos, Él abre los brazos y está esperando que nos arrojemos a Su cálido abrazo, y nos ayudará a llevar las cargas.

El Señor Jesús dijo:“Venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré.Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis el reposo para vuestras almas. Porque suave es mi yugo y ligero el peso mío”(Mateo 11:28-30). Siempre y cuando podamos aprender a dejar las cargas y entregar a todo a Dios, nuestra vida podrá ser muy relajados y podremos recibir fácilmente la felicidad. Tal como las palabras de Dios dicen: “Cuando uno mira atrás el camino que ha recorrido, cuando uno rememora cada fase de su viaje, ve que, en cada paso, ya fuera el camino arduo o liso, Dios estaba dirigiendo su senda y planificándola. Fueron los arreglos meticulosos de Dios, Su planificación cuidadosa, los que llevaron a uno, inconscientemente, hasta hoy. Poder aceptar la soberanía del Creador, recibir Su salvación, ¡qué gran suerte! Si la actitud de una persona hacia el destino es pasiva, demuestra que se está resistiendo a todo lo que Dios ha organizado para ella, que no tiene una actitud sumisa. Si la actitud de uno hacia la soberanía de Dios sobre el destino humano es activa, cuando uno mira atrás a su viaje, cuando llega a comprender verdaderamente la soberanía de Dios, deseará con más empeño someterse a todo lo que Dios ha organizado, tendrá más determinación y confianza para dejar que Dios orqueste su destino, para dejar de rebelarse contra Dios. Porque uno ve que cuando no comprende el destino, cuando no entiende la soberanía de Dios, cuando anda a tientas voluntariamente, tambaleándose y cayendo, a través de la niebla, el viaje es demasiado difícil, demasiado descorazonador. Por tanto, cuando las personas reconocen la soberanía de Dios sobre el destino humano, los inteligentes escogen conocerla y aceptarla, decir adiós a los dolorosos días en los que intentaban construir una buena vida con sus propias manos, en lugar de seguir luchando contra el destino y perseguir a su manera los así llamados objetivos de la vida. Cuando uno no tiene a Dios, cuando no puede verlo, cuando no puede reconocer claramente la soberanía de Dios, cada día carece de sentido, es vano, miserable. Allí donde uno esté, cualquiera que sea su trabajo, sus medios de vida y la persecución de sus objetivos no le traen otra cosa que una angustia infinita y un sufrimiento que no se pueden aliviar, de forma que uno no puede soportar mirar atrás. Sólo cuando uno acepta la soberanía del Creador, se somete a Sus orquestaciones y arreglos, y busca la verdadera vida humana, se librará gradualmente de toda angustia y sufrimiento, se deshará de todo el vacío de la vida”.


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